Las 155 razas

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Quiénes somos

Soy Javier, y estos son mis perrillos

Hocicos Dulces no la escribe una redacción. La escribo yo, que he tenido que tomar, con un perro delante, casi todas las decisiones de las que se habla aquí dentro. Estas son las historias de las que sale todo lo demás.

Samba

Samba es la perra que tengo ahora mismo en casa, y la única. Es labradora negra y llegó por un camino poco habitual: estaba en el programa de perros guía de la ONCE y la descartaron, que es algo que pasa con una parte de los cachorros que entran: se seleccionan muchísimo y no todos siguen. No por malos perros, sino porque guiar a una persona ciega es un trabajo muy exigente y no vale cualquiera.

El descarte de la ONCE es, para quien lo recoge, una suerte enorme: son perros criados con un cuidado que no tiene casi ningún cachorro, socializados desde la primera semana y con una educación que ya venía puesta. Samba llegó sabiendo andar con correa, quedarse quieta y no tocar la comida de la mesa. Lo único que no se le da bien es esperar.

Es, además, preciosa, y lo sabe.

Samba en el parque
Samba en el parque
Samba en el monte, con su palo
Samba en el monte, con su palo
Samba en la playa
Samba en la playa
Samba esperando, que se le da regular
Samba esperando, que se le da regular

Otros perros de la familia

Samba no es la única. Antes que ella hubo dos perros que siguen siendo de la familia aunque ya no vivan conmigo, y en casa de mis padres hay cuatro más, que son sobre todo de mi madre. Casi todas las fotos de esta web que no son de catálogo son suyas.

Bela

Bela fue la primera. Una golden retriever de las de manual: rubia, incapaz de pasar de largo junto a un charco y convencida de que cualquier persona que entrara por la puerta venía a verla a ella.

Y luego la vida se complicó. Una separación, un bebé de un año, un trabajo al que había que ir todos los días y un cálculo que no salía por ninguna parte: no había horas. No era que me apeteciera menos; era que Bela estaba pasando demasiado tiempo sola y eso no tenía arreglo por mucho que yo quisiera que lo tuviera.

Así que hice lo más difícil que he hecho con un perro: buscarle otra familia. Y lo hice como si fuera un casting, porque lo fue. Entrevisté a gente. Pregunté por sus horarios, por su casa, por quién la sacaría un martes de lluvia. Descarté a varios. Y al final apareció una familia que tenía otras perras, tiempo y ganas.

Bela sigue con ellos. De vez en cuando quedamos y la veo, y hace exactamente lo mismo que hacía siempre: saludar a todo el mundo como si llevara años esperándolo. Esa parte no la perdió.

Bela en el campo, una mañana de diciembre
Bela en el campo, una mañana de diciembre
Bela con la sierra nevada al fondo
Bela con la sierra nevada al fondo
Bela al sol de la tarde
Bela al sol de la tarde
Bela en la playa
Bela en la playa

Turco

Y está Turco, perro de agua español, marrón y rizado, de una raza de aquí que mucha gente no sabe ni que existe. Se pasa la vida con el pelo hecho un lío y con cara de estar tramando algo, que normalmente es cierto.

Turco también es un descartado, como Samba, solo que de otro sitio: venía de la policía y no siguió porque no tenía las cualidades que ese trabajo pide. Y está bien dicho así, porque no le faltaba nada: le faltaba ese perfil concreto. El olfato, la cabeza y las ganas los tiene todos; lo que no tenía era el temperamento que hace falta para entrar en un sitio ruidoso lleno de gente y quedarse frío. Que es, si lo piensas, un defecto bastante bueno para un perro de casa.

Ahora vive con mis padres, que son de esa clase de personas a las que les gustan los perros de verdad, sin hacer ruido. Ya está viejito. Duerme mucho, se levanta despacio y sigue apareciendo por la puerta en cuanto oye una bolsa. Los años le sientan bien.

Turco junto a la piscina
Turco junto a la piscina
Turco con el rizo recién crecido
Turco con el rizo recién crecido

Sabali

Sabali es la galga española de casa de mis padres, y la que más me ha enseñado sobre lo mal que se explica esta raza. Atigrada, delgada hasta parecer frágil, con esa cara larga que a mucha gente le resulta rara hasta que la ve de cerca. Ya es mayor: tiene el hocico blanco y las cejas canosas, y se le nota en la manera de levantarse.

De un galgo se espera un perro incansable, y es justo al revés. Corre como un animal imposible durante dos minutos y luego se pasa el resto del día dormido en un sitio blando, preferiblemente al sol. Es el perro de casa más tranquilo que conozco, y el que menos espacio ocupa pese a ser el más grande. Si alguna vez te dicen que un galgo no vale para piso, es que no han tenido uno.

Sabali de perfil, con las canas de los años
Sabali de perfil, con las canas de los años
Sabali en la entrada de casa
Sabali en la entrada de casa
Sabali durmiendo al sol, que es lo que mejor se le da
Sabali durmiendo al sol, que es lo que mejor se le da

Violeta y Galita

Las dos caniches de la casa. Violeta es la albaricoque, la de los rizos apretados y la cara de estar pendiente de todo; Galita es la blanca, más pequeña y más de sofá. Van juntas a casi todas partes.

Son la prueba en vivo de lo que repito en la ficha del caniche: que de tontas no tienen nada. El caniche arrastra fama de perro de adorno por culpa del corte de peluquería, y la realidad es que están entre los perros más listos que hay, que se aburren rápido y que si no les das en qué pensar se lo inventan ellos. Y que la peluquería cada seis u ocho semanas no es un capricho: es parte del precio del perro.

Violeta con el arnés de los paseos
Violeta con el arnés de los paseos
Violeta tumbada junto a la piscina
Violeta tumbada junto a la piscina
Violeta y Mirta, abrigadas y esperando algo
Violeta y Mirta, abrigadas y esperando algo
Galita en su sitio del sofá
Galita en su sitio del sofá

Mirta

Y Mirta, la chihuahua negra y fuego, que pesa lo que pesa un paquete de azúcar y se comporta como si midiera el triple. Tiene las orejas más grandes que la cabeza y una costumbre fija: sentarse en el escalón desde el que se controla toda la casa.

Con ella pasa lo contrario que con el galgo. De un perro así se espera un juguete, y lo que hay es un perro entero, con carácter y con opiniones, que necesita que lo eduquen igual que uno de treinta kilos. La mitad de los problemas de los perros pequeños vienen de que nadie se molesta en hacerlo, porque total, es pequeño.

Mirta al sol, con el mar al fondo
Mirta al sol, con el mar al fondo
Mirta mirando de reojo
Mirta mirando de reojo
Mirta esperando en la escalera
Mirta esperando en la escalera

Y el que viene

Ahora mismo estamos mirando un caniche toy para sumarlo a la familia. Y me está sirviendo para comprobar en mi propia casa todo lo que digo aquí dentro: que el tamaño no predice la energía, que la peluquería cada seis u ocho semanas es dinero de verdad y no un detalle, que en un perro tan pequeño hay que preguntar por la luxación de rótula antes de nada, y que la tentación de no educarlo «porque total, es pequeño» es exactamente el error que hace que acaben ladrando a todo.

También estoy haciendo lo que recomiendo: mirar en adopción primero, preguntar mucho y no tener prisa. Si al final sale, aparecerá por aquí.

Por qué existe esta web

Hay una cosa que no se ve hasta que pones las tres primeras historias seguidas. Samba no valía para guiar a una persona ciega. Turco no valía para la policía. Y Bela, que no tenía ningún defecto, tuvo que irse a otra casa porque la vida se torció. Ninguno de los tres acabó donde se suponía que iba a acabar, y los tres están perfectamente.

Eso es, más o menos, todo lo que hay que entender sobre elegir un perro: que el perro adecuado para ti no es el mejor de la camada ni el que más papeles trae, es el que encaja en la vida que puedes darle. Y que eso no se decide el día que llega a casa. Se decide antes, en lo que sabías y en lo que no sabías cuando elegiste.

De ahí sale todo lo que hay aquí. Las 155 fichas con el ladrido, la soledad y la salud delante, porque son los datos que de verdad deciden si la convivencia va a funcionar. La calculadora, porque el dinero es la mitad de los abandonos y casi nadie hace la cuenta. El directorio de refugios provincia a provincia, comprobado a mano, porque en las protectoras españolas hay miles de perros esperando y muchos son exactamente la raza que la gente sale a comprar.

Y porque a veces las cosas salen distintas de como las planeaste, y sigue estando bien si tomas la decisión pensando en el perro y no en ti.

Si estás decidiendo

Empieza por el test, haz la cuenta en la calculadora y mira el directorio de adopción antes que ninguna otra cosa. Media hora leyendo antes evita años de problemas para los dos.

Por dónde seguir
Hacer el test → Calcular lo que cuesta → Ver refugios cerca de ti →
Ver comparativa