Qué darle de comer
La etiqueta importa más que la marca, la cantidad más que el tipo, y el sobrepeso le quita dos años de vida.
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Cómo se lee una etiqueta
Los ingredientes van por peso, así que mira los tres primeros. Que aparezca una fuente de proteína concreta —pollo, salmón, cordero— y no solo subproductos o cereales. Desconfía del reclamo publicitario de la bolsa y fíjate en la tabla de composición analítica: proteína, grasa, fibra y ceniza. Un pienso barato con el primer ingrediente en cereal sale caro en veterinario.
Cuánto, que es lo que casi todos fallan
La tabla del saco es orientativa y suele quedarse larga, porque está calculada para un perro entero y activo. Pesa la ración con una báscula de cocina, no con un vaso, y ajústala cada mes mirando al perro, no al número: deberías notarle las costillas al pasar la mano sin tener que apretar, y verle cintura desde arriba.
Pienso, comida húmeda, BARF
El pienso de calidad es lo más sencillo, lo más barato y lo que más fácil es de dosificar. El húmedo aporta hidratación y gusta más, pero cuesta el triple y ensucia más los dientes. La dieta cruda puede funcionar, pero mal formulada desequilibra el calcio y el fósforo y conlleva riesgo bacteriano: si la eliges, que la calcule un veterinario nutricionista, no un grupo de redes sociales.
Lo que no puede comer
Chocolate, uva y pasa, cebolla y ajo, xilitol —el edulcorante de los chicles sin azúcar, letal en dosis mínimas—, aguacate, macadamia, alcohol y huesos cocinados, que se astillan. El xilitol y la uva son los dos que más gente desconoce y los que más urgencias provocan.
Un perro en su peso vive de media dos años más que uno con sobrepeso. Pesar la ración cuesta diez segundos al día y es lo más rentable que vas a hacer por él.