Los primeros días en casa
La primera semana marca el resto. Menos estímulos, más rutina y menos visitas de las que te apetecerán.
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Antes de que llegue
Decide dónde va a dormir, dónde va a comer y por dónde va a salir, y no lo cambies después. Retira de su alcance cables, productos de limpieza y plantas tóxicas —potos, adelfa, flor de pascua—. Ten ya el pienso que comía antes: cambiarle la comida el mismo día de la mudanza es la receta para una diarrea.
Los tres primeros días: aburrimiento
Es contraintuitivo, pero lo mejor que puedes hacer es casi nada. Nada de visitas, nada de parque de perros, nada de pasearlo cuatro horas para que se canse. Un perro recién llegado está en alerta, y el exceso de estímulos retrasa que baje. Paseos cortos, casa tranquila y dejarle que te busque él.
La primera noche
Va a llorar, y no pasa nada. Si duerme solo, ponlo cerca de ti los primeros días y ve alejando la cama poco a poco; si entra al dormitorio, que sea porque lo has decidido, no porque cediste a las tres de la mañana. Lo que no funciona es alternar: un día sí y otro no es lo único que garantiza semanas de llanto.
Enseñarle a estar solo desde el primer día
Parece cruel y es justo lo contrario. Empieza saliendo dos minutos y vuelve sin saludar; sube a cinco, a quince, a una hora. Un perro al que nunca dejas solo la primera semana porque estás de vacaciones es un perro con ansiedad por separación a la segunda, cuando vuelves al trabajo.
Menos de lo que te apetece hacer. Rutina fija, pocos estímulos, cero visitas y ensayar la soledad desde el primer día, aunque estés en casa.