Cuántas horas puede estar solo un perro
La respuesta corta es entre seis y ocho horas en un adulto bien acostumbrado. La larga explica qué significa «bien acostumbrado», que es donde está el noventa por ciento del problema.
Las cifras, por edades
Un cachorro de dos meses aguanta una o dos horas, y no por soledad sino por vejiga. A los cuatro meses, tres o cuatro. A los seis, unas cinco. Un adulto sano y acostumbrado, entre seis y ocho, siempre que haya salido antes y vuelva a salir después. Un perro mayor vuelve a necesitar salidas más frecuentes. Y ningún perro, de ninguna edad, debería pasar diez horas solo todos los días de forma habitual.
Aburrimiento y ansiedad no son lo mismo
Es la distinción más importante y casi nadie la hace. Un perro aburrido destroza cosas de forma selectiva —el mando, una zapatilla, la basura—, duerme buena parte del tiempo y está tranquilo cuando llegas. Un perro con ansiedad por separación empieza a angustiarse antes de que te vayas, destroza puertas y ventanas —las vías de escape—, puede hacerse daño, vocaliza durante horas, saliva mucho y a veces se orina siendo un perro limpio. Lo primero se arregla con estímulo; lo segundo necesita un profesional.
Cómo se entrena la soledad
Con salidas muy cortas y muchísimas repeticiones. Primero: coges las llaves, te pones el abrigo y no sales. Lo repites hasta que deje de levantarse. Después sales y vuelves a los diez segundos. Luego a los treinta. Luego un minuto, tres, cinco, quince. Si en algún escalón el perro se angustia, has subido demasiado rápido: vuelve al anterior. Se tarda semanas, no días.
Lo que hay que hacer justo antes de irse
Un paseo largo, con mucho olfato, que lo deje satisfecho y con ganas de dormir. Agua disponible. Un juguete relleno de comida que solo aparezca cuando te vas, congelado para que dure más: eso convierte tu marcha en el momento en que llega lo mejor del día. Y una salida sin ceremonia: nada de despedidas largas ni de «ahora vuelvo, mi vida», que lo único que hacen es subir la tensión.
Y al volver
Tampoco nada. Entras, dejas las cosas, y lo saludas cuando esté tranquilo, no cuando esté saltando. Suena frío y no lo es: lo que consigues es que tu llegada deje de ser un acontecimiento, y con ello que tu marcha deje de ser una catástrofe. Es el mismo mecanismo por los dos lados.
Las razas que lo llevan mejor y peor
Mejor, las criadas para trabajar de forma independiente: varias razas primitivas, algunos nórdicos de tipo shiba o akita, bastantes perros de guarda y buena parte de los lebreles. Peor, casi todo el grupo de compañía y los pastores muy pegados a su persona, que se seleccionaron precisamente para no separarse de nosotros. Es un dato que aparece en cada ficha y que conviene mirar antes de elegir si trabajas fuera.
Las soluciones que existen si tus horarios no dan
Un paseador a mediodía, unos 12 € por paseo. Una guardería canina de día, que además socializa. Un vecino o familiar que entre a media jornada. Cámara con micrófono para saber qué pasa de verdad cuando no estás, que suele ser revelador. Y, si nada de eso encaja, la conclusión honesta puede ser que no es el momento de tener un perro, o que no es el momento de tener ese perro concreto.
Lo que no funciona
Dejar la tele o la radio puesta, que ayuda muy poco. Coger un segundo perro para que se hagan compañía: si el problema es ansiedad por separación de su persona, el otro perro no la resuelve y ahora tienes dos. Y regañar por los destrozos al llegar, que el perro no relaciona con nada de lo que pasó hace cuatro horas y solo consigue que le dé miedo tu vuelta.
Seis u ocho horas en un adulto entrenado, y el entrenamiento se hace en escalones de segundos. Si destroza puertas o ventanas y no para de aullar, eso no es aburrimiento: busca un educador.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.