Qué perro NO comprar si vives en un piso
La pregunta habitual es «¿cabe en mi piso?», y es la pregunta equivocada. Un galgo de treinta kilos vive mejor en un piso que un terrier de seis, y el motivo no tiene nada que ver con el espacio.
Las tres cosas que de verdad importan
Ninguna es el tamaño. La primera es el ladrido: es lo que te va a enfrentar con los vecinos, lo que puede acabar en una denuncia y lo que menos se puede cambiar, porque en muchas razas es exactamente el trabajo para el que se criaron. La segunda es cuánto aguanta solo: si trabajas fuera ocho horas, hay razas que lo llevan sin problema y otras que desarrollan ansiedad por separación, que es justamente el cuadro que produce ladridos y destrozos todo el día. Y la tercera es la energía real, que no es lo mismo que el tamaño: un gran danés se conforma con dos paseos largos y un jack russell no se cansa nunca.
El ladrido, con detalle
Hay tres perfiles distintos y conviene no confundirlos. Los que avisan de todo lo que pasa en la escalera —muchos terrier pequeños, el schnauzer miniatura, el chihuahua— ladran corto y constante, y en un rellano eso es una queja segura. Los que aúllan —husky, malamute, algunos sabuesos— hacen un ruido que atraviesa paredes y que la gente tolera todavía peor. Y los que ladran solo por ansiedad cuando se quedan solos, que es el caso más común y el único que se arregla del todo trabajando la soledad. Antes de elegir, mira el dato de ladrido de la ficha y sé sincero sobre cómo es tu edificio.
La soledad
Un perro adulto sano puede quedarse solo entre seis y ocho horas si está bien acostumbrado, ha salido antes y tiene algo que hacer. La clave está en «bien acostumbrado»: es un entrenamiento que se hace poco a poco, empezando por minutos, y que casi nadie hace. Hay razas que parten con ventaja porque se criaron para trabajar de forma independiente, y otras, sobre todo las de compañía y las muy pegadas a su persona, que lo llevan mal de serie. Si vas a estar fuera nueve o diez horas todos los días, la respuesta honesta no es elegir mejor la raza: es un paseador a mediodía, o esperar a otro momento de tu vida.
La energía real
Es la variable peor entendida de todas. Lo que cansa a un perro no son los kilómetros, es el trabajo mental y el olfato. Un border collie que corre una hora detrás de una pelota llega a casa más excitado que cuando salió, porque ha estado entrenando la carrera sin pensar. Ese mismo perro, con veinte minutos de juegos de olfato y trabajo de obediencia, se echa a dormir. Por eso hay perros grandes y tranquilos que encajan en un piso y perros pequeños e incansables que no: importa mucho más el tipo de necesidad que la cantidad.
Las que peor lo llevan
Los perros de pastoreo de alta energía —border collie, malinois, kelpie, pastor australiano—, porque necesitan una tarea y sin ella pastorean lo que haya en casa. Los nórdicos de trineo —husky, malamute—, porque aúllan, escarban y se escapan. Varios terrier pequeños, que engañan por el tamaño pero ladran a todo lo que se mueve en la escalera. Y los perros de guarda de rebaño —mastines, gran pirineo, kuvasz—, que están programados para ladrar de noche ante cualquier ruido, que es literalmente su trabajo, y que en un edificio resulta insostenible.
Las que mejor
Los lebreles, empezando por el galgo español, que es probablemente el perro de piso perfecto: silencioso, limpio, sin apenas olor y con dieciocho horas de sueño al día. Muchos molosos grandes y tranquilos, que ocupan sitio pero no lo alteran. Buena parte del grupo de compañía, que para eso se criaron, con la salvedad de los más ladradores. Y, fuera de cualquier lista de razas, los mestizos adultos de una protectora: puedes preguntar directamente cómo se comporta ese perro concreto en un piso, en vez de deducirlo de una media.
El ascensor, la escalera y los vecinos
Hay detalles logísticos que no aparecen en ninguna ficha y que deciden la convivencia. Si no hay ascensor y vives en un cuarto, un perro grande con artrosis a los diez años es un problema que tendrás que resolver a brazo, y pesa lo que pesa. Si lo hay, tu perro tiene que aprender a entrar, esperar y salir sin agobiar a quien va dentro, y eso se entrena. Muchas comunidades exigen correa corta en zonas comunes. Y presentarte tú antes que tu perro a los vecinos evita la mitad de los conflictos que acaban en junta.
Lo que no arregla tener jardín
Un jardín no sustituye al paseo. Un perro solo en un jardín se aburre igual que uno solo en un piso, y además molesta más a los vecinos, porque ladra al aire libre y a cualquier hora. Lo que cansa a un perro es salir, oler sitios nuevos, ver a otros perros y trabajar con su persona. De hecho, muchos perros de casa con jardín hacen menos ejercicio real que los de piso, porque sus dueños dan por hecho que ya salen. El jardín es una comodidad para ti, no un programa de ejercicio para él.
Cómo comprobarlo antes de decidir
Tres cosas concretas. Una: busca a alguien que tenga esa raza en un piso parecido al tuyo y pregúntale por el ladrido y por las horas a solas, no por lo bonito que es. Dos: si vas a adoptar, pide una acogida temporal de dos semanas, que muchas protectoras ofrecen y que resuelve la duda mejor que cualquier lectura. Y tres: cuenta tus horas reales de lunes a viernes, no las del sábado. Casi todos los problemas de convivencia en piso salen de sobreestimar el tiempo del que uno dispone entre semana.
Si vives en un piso, mira primero el ladrido y la tolerancia a la soledad, y solo después el tamaño. Y sé honesto con las horas que vas a estar fuera.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.