Las 155 razas

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24 de septiembre de 2026 · 3 min de lectura

Las razas que más ladran (y las que casi no)

Antes de elegir un perro para un piso, mira el ladrido antes que el tamaño. Es lo que más problemas causa con los vecinos y lo que menos se corrige, porque en muchas razas es el trabajo para el que se criaron.

Beagle
Beagle

Por qué unas razas ladran y otras no

Porque el ladrido se seleccionó a propósito según el trabajo. Un perro de guarda que no avisa no sirve. Un terrier que caza alimañas ladra para señalar dónde está la presa. Un sabueso aúlla para que el cazador lo oiga a un kilómetro. Y a un lebrel que persigue por vista el ladrido no le aporta nada, así que apenas ladra. No es casualidad: es siglos de selección para cada oficio.

Las que avisan de todo

Muchos terrier pequeños —yorkshire, jack russell, fox terrier, schnauzer miniatura— ladran corto, agudo y constante a todo lo que pasa por la escalera. El chihuahua y varias razas toy, por inseguridad si no se socializan. Y los perros de guarda —pastor alemán, perros de guarda de rebaño— avisan por trabajo. En un rellano con vecinos pegados, cualquiera de estos es un conflicto en potencia.

Las que aúllan

Un capítulo aparte. Los nórdicos de trineo —husky, malamute— aúllan de forma casi musical y lo hacen cuando se aburren o se quedan solos. Los sabuesos —beagle, basset, bloodhound— tienen un aullido de trabajo largo y sonoro pensado para oírse a distancia. Es de lo que peor tolera la gente y de lo que menos se puede corregir, porque es su forma de comunicarse.

Las más silenciosas

Los lebreles encabezan todas las listas: muchos galgos ladran solo dos o tres veces al año. El basenji, directamente, no ladra: hace un sonido gutural propio. Varios molosos grandes y tranquilos son muy silenciosos. Y entre las razas de compañía hay opciones discretas, aunque conviene mirar una a una porque dentro del grupo hay de todo.

Lo que se puede cambiar y lo que no

Se reduce muchísimo el ladrido por aburrimiento, por ansiedad al quedarse solo y por refuerzo accidental —cuando le abres la puerta o le haces caso justo al ladrar—. Esos juntos son la mayoría de los casos. Lo que no se quita es el ladrido de aviso de una raza criada para avisar: se gestiona, se enseña un «ya vale», pero no desaparece. Por eso, si vives pared con pared, elegir bien pesa más que educar bien.

Cómo trabajar el ladrido excesivo

Primero, averiguar por qué ladra: aburrimiento, alerta, ansiedad, demanda de atención. Cada causa se trabaja distinto. La regla general: no reforzar nunca el ladrido con atención, ni siquiera para regañar, porque para el perro que le mires ya es premio. Enseñarle una orden de «silencio» premiando el momento en que para. Y cubrir la necesidad de fondo: un perro que ladra de aburrimiento necesita más cabeza, no más regañina.

Lo que dice la ley

El ladrido excesivo y continuado puede constituir una infracción por ruidos, y las denuncias de vecinos por este motivo existen y prosperan. No es solo una cuestión de buena vecindad: un perro que ladra sin parar todo el día mientras no estás es, además, casi siempre un perro que lo está pasando mal, y eso hay que atenderlo.

Lo que importa

Si vives en un piso, mira el ladrido antes que el tamaño. El de aburrimiento y ansiedad se reduce mucho; el de aviso de una raza guardiana, se gestiona pero no desaparece.

Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.

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