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7 de octubre de 2026 · 8 min de lectura

El perro en Navidad: peligros que no ves venir

La Navidad junta en casa casi todo lo que puede sentar mal a un perro: comida que no debe probar, adornos que parecen juguetes, plantas bonitas y venenosas, casa llena de gente y, para rematar, los petardos de Nochevieja. Con saber qué vigilar, las fiestas se disfrutan sin acabar en el veterinario de guardia.

Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web

Bulldog Francés
Bulldog Francés

La mesa de Navidad es un campo de minas

El mayor peligro de estas fechas está en lo que comemos. Las sobremesas largas, los platos al alcance y la gente que no sabe qué no se le puede dar convierten la comida navideña en la primera causa de urgencias caninas de las fiestas. No es solo que engorde: muchos de los alimentos típicos de estos días son directamente tóxicos o peligrosos para el perro. Conviene tenerlo claro tú y, sobre todo, avisar a los invitados, porque la mayoría de los sustos vienen de alguien que le da «un trocito de nada» con toda la buena intención.

El chocolate y los dulces

El chocolate es tóxico para el perro, y cuanto más puro y negro, más peligroso, justo el de los turrones y bombones de estas fechas. Pero hay un enemigo aún más traicionero: el xilitol, un edulcorante que llevan muchos productos sin azúcar, chicles y algunas chucherías, y que en el perro provoca una bajada de azúcar grave y daño en el hígado con cantidades pequeñísimas. Turrones, mazapanes, polvorones, bombones y dulces en general deben estar fuera de su alcance, y nadie de la familia debe darle un bocado «para que pruebe».

Las uvas, las pasas y los huesos

Las uvas y las pasas, tan presentes en las uvas de Nochevieja y en muchos dulces, son tóxicas para el perro y pueden dañarle el riñón, a veces con cantidades sorprendentemente pequeñas y de forma impredecible. Y los huesos cocidos del cordero, el pavo o el pollo, que parecen el regalo perfecto para el perro, son de lo más peligroso: al cocinarse se astillan y pueden clavarse o perforar el tubo digestivo. Nada de darle los huesos de la comida, por mucho que ponga ojitos, y cuidado con la basura llena de restos que huele a gloria.

Otros alimentos típicos que hacen daño

La lista sigue. La cebolla y el ajo, presentes en muchos guisos y salsas navideñas, dañan los glóbulos rojos del perro. Los embutidos, el jamón y las comidas muy grasas pueden desencadenar una pancreatitis, que es una urgencia dolorosa y seria, sobre todo tras un atracón de grasa. El alcohol, que en estas fechas anda por todas las copas y a veces en los postres, es tóxico incluso en poca cantidad. La regla sencilla para las fiestas: el perro come su comida de siempre, y de la mesa no cae nada, por mucho que insista la tía abuela.

El árbol y los adornos

Para un perro, sobre todo un cachorro, el árbol de Navidad es un juguete nuevo e irresistible. Las bolas, que parecen pelotas, se rompen y cortan; el espumillón y las guirnaldas, si se los traga, pueden formar un tapón en el intestino muy peligroso; las luces traen cables que invitan a morder, con riesgo de descarga. Conviene poner los adornos más frágiles y pequeños en las ramas altas, fijar bien el árbol para que no se lo tire encima, recoger cualquier bola rota al momento y, si tienes un perro muy trasto, vigilar o vallar la zona los primeros días hasta que pierda el interés.

Las plantas navideñas, bonitas y tóxicas

Varias de las plantas que decoran la casa en Navidad son tóxicas para el perro en distinto grado. La flor de Pascua, el acebo, el muérdago y algunas otras pueden provocarle desde irritación y babeo hasta vómitos y diarrea si las mordisquea. No suelen ser mortales en las cantidades que un perro llega a comer, pero sí le hacen pasar un mal rato y, en el caso del muérdago, pueden ser más serias. Lo prudente es colocarlas donde el perro no llegue, o prescindir de ellas si tienes un perro que lo muerde todo.

La casa llena de gente

Las comidas y cenas con mucha gente, ruido y movimiento son estupendas para nosotros y, para algunos perros, un estrés. Puertas que se abren y cierran todo el rato son una invitación a escaparse; niños que no saben tratar al perro pueden agobiarlo; y un perro saturado puede acabar gruñendo o escondiéndose. Prepárale un rincón tranquilo, lejos del bullicio, al que pueda retirarse, y respeta que se vaya allí. Avisa a los invitados de que no le den de comer y de que lo dejen tranquilo si busca su sitio. Un perro con escapatoria lleva mucho mejor la fiesta.

Que no se escape con el trajín

Con tanta puerta abriéndose para recibir a los invitados, las fiestas son una época clásica de perros perdidos. Un perro que se cuela por la puerta en medio del jaleo, o que se asusta con un petardo y sale corriendo, se pierde en un segundo. Antes de que empiecen las fiestas, comprueba que el microchip tiene tus datos actualizados y que lleva una chapa con tu teléfono en el collar: es lo que lo devuelve a casa si se escapa. Y en los momentos de más entrada y salida de gente, un ojo puesto en dónde está el perro evita el disgusto.

La Nochevieja y los petardos

La traca final, nunca mejor dicho. La Nochevieja llena el cielo de fuegos y petardos, uno de los peores momentos del año para los perros con miedo a los ruidos. Si tu perro lo pasa mal, prepáralo como cualquier noche de petardos: un refugio seguro dentro de casa, ruido de fondo para tapar los estallidos, las persianas bajadas, no sacarlo a la calle en plena traca y asegurarte de que no puede escaparse. Y si el miedo es intenso, esa medicación específica contra el pánico la valora el veterinario con antelación, no la noche misma.

Los regalos, los envoltorios y las pilas

La mañana de regalos tiene sus propios riesgos. El papel de regalo, los lazos y las cintas, si el perro los muerde y se los traga, pueden formar un tapón en el intestino. Las pilas de botón de los juguetes y los adornos son especialmente peligrosas: si un perro se traga una, puede causar quemaduras graves por dentro en pocas horas, así que es una urgencia inmediata. Y los juguetes pequeños de los niños, las piezas y los plásticos acaban por el suelo y tientan al perro. Recoger sobre la marcha y no dejarle jugar con los envoltorios evita más de un susto.

El frío y los paseos de invierno

La Navidad cae en pleno invierno, y el frío también cuenta. Los perros pequeños, de pelo corto, muy delgados, cachorros y mayores pasan frío de verdad en los paseos helados, y un abrigo para ellos no es un adorno, es abrigo. Cuidado con el anticongelante de los coches, que sabe dulce y es muy tóxico, y con la sal y los productos que se echan en algunas zonas contra el hielo, que irritan las almohadillas: conviene limpiarle las patas al volver. Y aunque haga frío y apetezca quedarse en casa, el perro necesita sus paseos igual que siempre.

La primera Navidad de un cachorro

Si este año tienes un cachorro, su primera Navidad es a la vez la más delicada y la mejor oportunidad. La más delicada porque todo le llama la atención y se lo lleva a la boca: el árbol, los adornos, los regalos, la comida al alcance. Hay que vigilarlo más y ponerle las cosas difíciles. Y la mejor oportunidad porque es el momento de que viva el bullicio, las visitas y hasta los petardos de Nochevieja con calma y en positivo, en su refugio seguro y con vosotros tranquilos, para que de mayor las fiestas no le den ningún miedo.

Mantén su rutina en medio del caos

Entre comidas interminables, viajes a casa de la familia y horarios desbaratados, lo que más agradece el perro en Navidad es que su rutina se mantenga en lo posible. Sus paseos a sus horas, su comida de siempre y en su cantidad, sus ratos de descanso. Un perro que sigue con sus costumbres lleva mucho mejor el alboroto de alrededor que uno al que, además del caos, le cambian las comidas y los horarios. En plena vorágine navideña, esos tres paseos de siempre son también un respiro para él y una forma de que gaste la energía que la casa llena no le deja soltar.

Si pasa algo, ten el teléfono a mano

Por mucho cuidado que pongas, en Navidad conviene tener localizado el veterinario de urgencias de tu zona, porque muchas clínicas cierran o reducen horario estos días y no es momento de ponerse a buscar. Apunta el teléfono de guardia antes de que haga falta. Si tu perro come algo que no debe, no esperes a ver qué pasa: llama enseguida, y si puedes, ten a mano el envase o saber qué y cuánto ha comido. En una intoxicación, los minutos cuentan, y tener claro a quién llamar te ahorra un tiempo que puede ser decisivo.

Lo que importa

En Navidad, el perro come su comida de siempre y de la mesa no cae nada: chocolate, xilitol, uvas, pasas, huesos cocidos, cebolla, grasa y alcohol son peligrosos. Vigila el árbol y los adornos, aparta las plantas tóxicas, dale un refugio del bullicio y de los petardos, comprueba el microchip y ten a mano el veterinario de urgencias.

Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.

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