Seguro obligatorio para perros PPP: qué exige la ley y cuánto cuesta
Con un perro catalogado como potencialmente peligroso, el seguro no es una opción: es un requisito, y va junto con una licencia que se pide antes de tener al perro. Esto es lo que hay que hacer y en qué orden.
Qué perros entran
La catalogación es administrativa y por morfología, no por carácter. El listado estatal incluye razas como el pit bull terrier, el staffordshire y el american staffordshire, el rottweiler, el dogo argentino, el fila brasileiro, el tosa inu, el akita inu y el dogo de Burdeos, y cada comunidad autónoma puede ampliarlo. Además, un perro sin raza puede entrar por sus características físicas —perímetro torácico, peso, mandíbula— o por haber protagonizado un incidente. La ordenanza de tu municipio manda por encima de todo, así que hay que consultarla.
El seguro, que es lo primero
Se exige un seguro de responsabilidad civil por daños a terceros con una cobertura mínima de 120.000 €. No vale cualquier póliza: tiene que cubrir expresamente al animal como potencialmente peligroso, y el seguro de hogar normalmente no llega. Los precios de mercado se mueven en horquillas de unos 60 a 150 € al año según la compañía y la raza. La póliza hay que renovarla y presentarla cada vez que se renueva la licencia.
La licencia municipal
Se solicita en el ayuntamiento donde vives, y hace falta antes de tener el perro. Exige ser mayor de edad, un certificado de antecedentes penales, un certificado de capacidad física y aptitud psicológica expedido por un centro autorizado, y la acreditación del seguro. Suele costar entre 30 y 90 € entre tasas y certificados, y se renueva cada cinco años. Tener el perro sin licencia es una infracción, y de las caras.
El registro del animal
Además de tu licencia, el perro se inscribe en el registro municipal de animales potencialmente peligrosos, con su microchip, su cartilla y una fotografía. Si te mudas de municipio hay que volver a hacerlo, y si el perro cambia de dueño, también.
En la calle
Correa no extensible de menos de dos metros, bozal homologado para su tipo de cabeza, y un solo perro potencialmente peligroso por persona adulta. Esto se aplica en toda la vía pública y en las zonas comunes de tu edificio. En algunos municipios también en los parques caninos, y en otros están expresamente excluidos.
Las multas
Las sanciones van de unos cientos de euros a varios miles según la comunidad y la gravedad, y en los casos serios pueden llevar aparejada la retirada del animal. Las infracciones más frecuentes son las más tontas: llevarlo sin bozal, con correa larga o con la licencia caducada.
Lo que nadie te cuenta antes de adoptar uno
Que muchos pisos de alquiler y muchas comunidades ponen pegas. Que la mayoría de las residencias caninas cobran más o directamente no los admiten. Que viajar con ellos es más complicado. Y que todo esto, sumado, es la razón por la que las protectoras españolas están llenas de perros de estas razas esperando años: no es que nadie los quiera, es que casi nadie tramita la licencia.
Y lo que sí dice la evidencia
Las listas por raza son una herramienta administrativa discutida por buena parte de la profesión veterinaria y por varias sociedades científicas, porque la morfología predice muy mal el comportamiento y porque los factores que sí predicen —socialización, educación, esterilización, cómo se maneja al perro— no aparecen en ninguna lista. Pero mientras la ley diga lo que dice, hay que cumplirla, y quien adopta uno de estos perros debe saber en qué se mete antes y no después.
La licencia y el seguro se tramitan antes de traer al perro, no después. Y consúltalo en tu ayuntamiento: la ordenanza municipal puede añadir razas y requisitos.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.