Bañar y cepillar en casa: guía por tipo de pelo
Casi todo el mundo baña a su perro más de lo que necesita y lo cepilla menos de lo que debería. Cambiar esas dos cosas arregla la mitad de los problemas de piel y de pelo en casa.
Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web
Cada cuánto se baña un perro
Mucho menos de lo que la gente cree. Para un perro sano, con pelo normal y una vida corriente, cada uno o tres meses es suficiente, y entre baños basta con aclarar el barro con agua o pasar una toalla húmeda. Bañar cada semana, salvo que lo indique un veterinario por un problema de piel, altera la capa de grasa que protege y acaba produciendo justo lo que se quería evitar: piel seca, picor y más olor. Las excepciones son claras: si se ha revolcado en algo, si tiene un tratamiento dermatológico con champú medicado, o si es un perro de pelo largo que se ensucia con facilidad. El olor persistente pese a bañarlo no se arregla con más baños: suele venir de la piel, de los oídos o de la boca, y toca mirar ahí.
Qué champú y por qué no vale el tuyo
La piel del perro tiene un pH distinto de la humana y es bastante más fina. Un champú humano, aunque sea suave o de bebé, desequilibra esa barrera y con el uso repetido produce descamación y picor. Hay que usar champú específico para perros, y dentro de eso, elegir según el caso: neutro para uso general, de avena para pieles sensibles, específico si hay problema dermatológico, y siempre diluido según diga el envase, porque concentrado no limpia mejor, solo cuesta más de aclarar. El aclarado es la parte que más se descuida: los restos de champú son una de las causas más frecuentes de picor después del baño. Aclara hasta que el agua salga totalmente limpia, y luego un poco más.
Cómo se hace un baño sin pelea
Prepara todo antes: champú, dos toallas, una alfombrilla antideslizante en la bañera y premios a mano. Cepilla en seco antes de mojar, porque el agua apelmaza los nudos y los convierte en un bloque imposible. Agua templada, nunca caliente, y moja empezando por las patas y subiendo, dejando la cabeza para el final. Protege los oídos y evita los ojos. Enjabona con masaje, aclara a fondo, y seca con toalla a golpecitos, sin frotar en círculos, que enreda. Si usas secador, que sea a temperatura baja y en movimiento; los de aire caliente fijo queman la piel con más facilidad de la que parece. Y en todo el proceso, premios: un perro que asocia el baño con jamón cocido colabora mucho más que uno al que se persigue por el pasillo.
Pelo corto y liso
Beagle, Bóxer, Dálmata, Labrador, Podenco. Parecen los fáciles y en parte lo son, pero muchos sueltan pelo constantemente, y esos pelos cortos y rígidos se clavan en la tapicería. Lo que funciona aquí es un guante de goma o una manopla de púas blandas, una o dos veces por semana, que arrastra el pelo muerto y estimula la piel. Un cepillo de cerdas naturales al final reparte la grasa natural y deja el pelo brillante. Baños espaciados, cada dos o tres meses. Y atención a la piel, porque en estos perros se ve todo: cualquier bulto, rojez o zona sin pelo se detecta antes que en un perro peludo, lo cual es una ventaja si uno se acostumbra a mirar mientras cepilla.
Doble capa: el manto que no se rapa
Pastor Alemán, Husky, Malamute, Border Collie, Samoyedo, Corgi, Akita. Tienen dos capas: una interna, densa y lanosa, que aísla, y una externa de pelo más duro que protege del agua y del sol. En las mudas sueltan la capa interna a puñados. La herramienta aquí es un rastrillo de subpelo o una carda, usados con calma varias veces por semana y a diario en temporada de muda. Y la regla importante: no se rapan. El subpelo aísla también del calor y la capa externa protege del sol y de los insectos; rapar deja al perro peor refrigerado y expuesto, y en muchos casos el pelo vuelve a crecer con textura arruinada. Lo que sí quita calor de verdad es retirar a fondo el subpelo muerto con cepillado.
Pelo largo y sedoso
Yorkshire, Maltés, Shih Tzu, Setter, Afgano, Pastor de Shetland. Aquí el enemigo es el nudo, que aparece en las zonas de roce: detrás de las orejas, en las axilas, en las ingles y en el cuello si lleva collar. Requiere cepillado diario o casi, con cepillo de púas metálicas con punta redondeada, trabajando por capas: levantas el pelo con una mano y cepillas desde la raíz hacia fuera, mechón a mechón. Un nudo pequeño se deshace con los dedos y un poco de acondicionador en espray; un nudo grande y apelmazado hay que cortarlo, y si son muchos, la solución honesta es peluquería. Nunca bañes a un perro con nudos: saldrá con fieltro y la única salida será raparlo entero.
Pelo rizado y lanoso
Caniche, Perro de Agua Español, Bichón, Labradoodle. No sueltan casi pelo, y eso confunde: como no se cae, se enreda con él mismo y se apelmaza contra la piel formando placas que tiran y duelen. Estos perros necesitan cepillado frecuente hasta la raíz —el error clásico es cepillar solo la superficie y dejar el fieltro debajo— y peluquería cada seis u ocho semanas de por vida. En el Perro de Agua, además, la tradición es no cepillar y dejar que se formen cordones, pero eso solo funciona si se hace bien y se mantiene; a medias, es un perro con la piel maltratada. Antes de elegir una de estas razas conviene tener claro que la peluquería no es opcional y que cuesta entre 40 y 70 euros cada vez.
Pelo duro y razas de trimming
Fox Terrier, Schnauzer, Border Terrier, Airedale, Teckel de pelo duro. Su manto está pensado para renovarse arrancando el pelo muerto de raíz, que es lo que hace el stripping, hecho a mano o con cuchilla. Si en vez de eso se les corta con máquina, el pelo duro desaparece poco a poco y queda un manto blando, más claro y sin capacidad de repeler la suciedad. No es un desastre —muchos perros de compañía viven así perfectamente— pero conviene saber que es una decisión irreversible en la práctica, y que si te gusta el aspecto clásico de la raza, hay que buscar peluquería que haga stripping, que no todas lo hacen y cuesta más.
Uñas, orejas y almohadillas
Las uñas se cortan cuando se oyen al andar sobre baldosa. Se corta poco y a menudo, porque dentro de la uña hay un vaso, y en uñas oscuras no se ve: mejor varios cortes pequeños que uno grande. Si sangra, algodón con presión y polvo hemostático. Las orejas se revisan una vez por semana, sobre todo en perros de oreja caída y en los que nadan: se limpian con producto específico echado en el conducto y masaje, y se deja que él sacuda; nunca con bastoncillos. Y las almohadillas se miran después de los paseos largos en verano y en invierno: grietas, restos de sal, espigas entre los dedos. Todo esto lleva cinco minutos a la semana y evita bastantes visitas al veterinario.
Las espigas, que merecen su párrafo
De mayo a septiembre, esas semillas secas con forma de flecha son una de las causas más frecuentes de urgencia veterinaria en España. Están diseñadas para avanzar en una sola dirección, así que una vez que entran entre los dedos, en un oído, en la nariz o en un ojo, siguen hacia dentro y no salen solas. Las señales son claras: cojera repentina lamiéndose una pata, sacudir la cabeza sin parar, estornudos violentos y seguidos, un ojo cerrado. Después de cada paseo por zona de hierba seca, revisa entre los dedos, las axilas, las ingles y las orejas, y pasa la mano a contrapelo. Los perros de pelo largo y orejas caídas son los que más papeletas tienen, y en ellos merece la pena recortar el pelo entre los dedos en verano.
Cuándo esto deja de ser estética
El cepillado no es solo cuestión de aspecto: es la revisión semanal más completa que le vas a hacer a tu perro. Mientras cepillas notas bultos nuevos, zonas que le molestan, calvas, caspa, pulgas o garrapatas antes de que se agarren. Cambios en el pelo —que se vuelva quebradizo, opaco, que caiga en placas simétricas— pueden apuntar a problemas de tiroides, alergias o parásitos, y merecen consulta. Un perro que de repente no se deja tocar en una zona concreta está diciendo que ahí le duele. Por eso conviene convertir el cepillado en una rutina agradable y frecuente aunque el perro no lo necesite estéticamente: es la forma más barata de detectar las cosas a tiempo.
Baños cada uno a tres meses con champú de perro bien aclarado, y cepillado frecuente según su manto. Nunca bañes con nudos, no rapes a un perro de doble capa, y en verano revisa entre los dedos y las orejas después de cada paseo por hierba seca.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.