Cómo distinguir un buen criador de una fábrica de cachorros
Si decides comprar en vez de adoptar, de dónde venga el cachorro importa más que la raza que elijas. Un mal origen se paga en salud y en carácter durante doce años, y no hay forma de arreglarlo después.
Por qué importa tanto
Dos cosas se deciden antes de que el cachorro llegue a tu casa y ya no se pueden cambiar. La primera es su genética: qué enfermedades hereditarias lleva encima, que dependen por completo de qué dos perros se cruzaron y de si alguien se molestó en comprobarlo antes. La segunda es su socialización temprana, que empieza hacia las tres semanas y va hasta las ocho en casa del criador: un cachorro criado en un salón, con ruidos, personas y suelos distintos, llega a ti con una base que uno criado en una nave no tiene y no va a recuperar del todo por mucho que trabajes después.
Lo que hace un criador serio
Cría una o dos razas, no seis. Hace las pruebas de salud que su raza necesita y te enseña los certificados sin que se los pidas: displasia de cadera y de codo, pruebas oculares anuales, las genéticas que correspondan y, en las razas con problemas cardíacos, la ecocardiografía. Tiene lista de espera, porque no cría a demanda ni tiene cachorros disponibles todo el año. Entrega a las ocho semanas o después. Y te hace tantas preguntas como tú a él, sobre tu casa, tus horarios y tu experiencia, porque le importa dónde va el cachorro y porque tiene intención de seguir sabiendo de él durante años.
Las cinco preguntas
¿Puedo ver a la madre, en el sitio donde vive, con la camada? ¿Qué pruebas de salud tienen los padres y me las enseñas? ¿Cuántas camadas tienes al año y cuántas razas crías? ¿A qué edad entregas los cachorros? ¿Qué pasa si dentro de dos años no puedo quedármelo? Un criador serio responde las cinco sin incomodarse y sin tardar. La última es especialmente reveladora: casi todos los buenos te dicen, sin que se lo pidas, que se lo devuelvas a ellos antes que dejarlo en ningún otro sitio, y bastantes lo ponen por escrito en el contrato.
Las respuestas que son una salida
«La madre no está, la tenemos en otra finca.» «Te lo llevo yo a tu casa, o quedamos a mitad de camino en un área de servicio.» «Está listo con seis semanas.» «Tengo cachorros de varias razas disponibles ya.» «Las pruebas de salud no hacen falta, están todos sanos, nunca hemos tenido un problema.» «Te hago precio si te lo llevas hoy.» Cualquiera de estas es motivo suficiente para irse sin más conversación, por mucha pena que dé el cachorro que tienes delante. Comprarlo «para salvarlo» financia exactamente la siguiente camada.
Cómo funciona una fábrica de cachorros
El modelo es sencillo: hembras cruzadas en cada celo, camadas continuas, cachorros separados pronto de la madre porque cuanto más pequeños más se venden, cero pruebas de salud y cero socialización. La venta se hace por internet, con fotos bonitas y entrega a domicilio, precisamente para que nadie vea el sitio. Muchos entran desde el este de Europa con documentación irregular y con la vacunación falsificada. El resultado típico llega con diarrea, parásitos, miedo a los ruidos y problemas que aparecen entre el año y los tres. Si el trato se parece a esto, es esto.
Lo que dice la ley en España
La entrega antes de las ocho semanas está prohibida. El cachorro debe salir con microchip implantado y registrado, cartilla veterinaria y la primera vacunación puesta. Quien cría para vender tiene que estar dado de alta como núcleo zoológico y debe facilitarte el número, que se puede comprobar. La venta de perros y gatos en escaparates de tiendas está prohibida desde la ley de bienestar animal, igual que la venta por parte de particulares no registrados. Si algo de esto falla, no es un tecnicismo administrativo: es la señal más fiable de todas.
El precio no dice nada
Es un error muy común pensar que caro equivale a bueno. Hay fábricas de cachorros que venden a precio de criador serio precisamente porque saben que un precio bajo levanta sospechas, y hay criadores excelentes de razas poco demandadas que piden poco. El precio solo tiene sentido mirado junto con lo demás: qué pruebas hay detrás, cuántas camadas hace al año, dónde viven los perros y qué pasa después de la venta. Un cachorro barato de una camada sin pruebas no es una ganga: es un anticipo de la consulta del traumatólogo.
El contrato y lo que debe llevar
Un criador serio entrega contrato, y conviene leerlo entero antes de firmar. Debe recoger la identificación de los padres y del cachorro con su número de microchip, las pruebas de salud realizadas, una garantía sanitaria con un plazo razonable, las condiciones de devolución y, en muchos casos, una cláusula de esterilización si el cachorro se vende como animal de compañía y no para cría. Si además te da una hoja con lo que come, a qué horas y cómo ha sido su rutina, tienes delante a alguien que sabe lo que hace.
La alternativa que casi nadie mira
Si lo que quieres es una raza concreta, en España hay rescates especializados por raza con lista de espera de galgos, podencos, huskies, bulldogs, beagles, border collies y bastantes más. Y casi un tercio de los perros que entran en protectoras son de raza reconocible o cruces muy evidentes. Antes de pagar 1.500 € por un cachorro merece mucho la pena mirar: puede que el perro que buscas lleve ocho meses esperando a treinta kilómetros de tu casa.
Ver a la madre, en su casa, con la camada. Si eso no puede ser, no hay más conversación. Es la única regla que no falla.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.