Mi perro vomita: cuándo esperar y cuándo correr
Un perro que vomita una vez y sigue con su vida normal casi nunca es un problema. Uno que vomita sin parar, que no retiene ni el agua o que además está apagado, sí. Aprender a separar las dos situaciones evita tanto el susto innecesario como la visita que se deja para tarde.
Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web
Vomitar no es lo mismo que regurgitar
Conviene distinguirlo porque apuntan a cosas distintas. El vómito es un esfuerzo activo: el perro hace arcadas, contrae la barriga y expulsa lo que tiene en el estómago, muchas veces con la comida ya medio digerida y con un líquido amarillento. La regurgitación es pasiva, sin esfuerzo: la comida sale tal cual entró, con forma de tubo, segundos o minutos después de comer, casi siempre porque ha engullido demasiado rápido. Lo que le cuentas al veterinario cambia según cuál de las dos sea, así que fíjate en si hubo arcadas o no.
Las causas más corrientes y menos graves
La mayoría de los vómitos aislados vienen de algo que no debió comerse: hierba del parque, un trozo de basura, restos de la cena de ayer, un cambio de pienso demasiado brusco o sencillamente haber comido con demasiada ansia. También vomitan cuando el estómago lleva muchas horas vacío, casi siempre por la mañana temprano, un líquido espumoso amarillo que es bilis. En todos estos casos el perro vomita una o dos veces, se queda tranquilo y vuelve a estar bien al rato.
Las causas que sí preocupan
Al otro lado están las que no admiten espera: un cuerpo extraño que ha tragado y le obstruye el tubo digestivo (un hueso, un calcetín, una pelota, un juguete roto), una intoxicación, una pancreatitis por haberse dado un atracón de grasa, una infección vírica como el parvovirus en cachorros sin vacunar, o una torsión de estómago en razas grandes de pecho profundo. La diferencia no está tanto en el vómito en sí como en todo lo que lo acompaña, y eso es lo que tienes que mirar.
La regla de las primeras horas
Si vomita una vez, está despierto, bebe agua sin devolverla y por lo demás se comporta con normalidad, puedes manejarlo en casa. Retira la comida unas seis u ocho horas para que el estómago descanse, deja agua en pequeñas cantidades y, pasado ese tiempo sin más vómitos, ofrece una comida pequeña y blanda. Si en esas horas vuelve a vomitar, deja de esperar y llama al veterinario. No se trata de aguantar días: se trata de darle al estómago una tarde para calmarse.
Cómo ofrecer el agua sin que recaiga
Un error muy común es dejar que un perro con el estómago revuelto beba de golpe todo lo que quiera: se hincha, el estómago se irrita y vuelve a vomitar, esta vez el agua. Lo que funciona es lo contrario: cantidades pequeñas y a menudo. Ofrécele un poco de agua cada media hora, o déjale lamer cubitos de hielo, que beben más despacio. Si retiene esas pequeñas tomas durante un par de horas, puedes ir aumentando. Quitarle el agua del todo no es la solución, porque lo que consigues es que se deshidrate encima de estar malo.
Qué darle cuando vuelva a comer
La comida de recuperación clásica es sencilla y blanda: pollo hervido sin piel ni huesos ni sal, con arroz blanco bien pasado, en raciones pequeñas y repartidas en cuatro o cinco tomas a lo largo del día. Nada de grasa, nada de premios, nada de su pienso de golpe. Si tolera bien esa comida durante un día, puedes empezar a mezclar su pienso habitual poco a poco durante dos o tres días más hasta volver a la normalidad. La prisa por volver al pienso de siempre es la que suele provocar la recaída.
Señales de que es una urgencia, no una espera
Vete al veterinario sin dudarlo si vomita varias veces seguidas en pocas horas, si no logra retener ni el agua, si el vómito tiene sangre (roja fresca o como posos de café), si la barriga se le ve hinchada y tensa, si tiene arcadas sin que salga nada (señal clásica de torsión de estómago), si está muy decaído, tiembla o se queja, o si sabes o sospechas que ha tragado un objeto, una planta o un producto tóxico. En estos casos cada hora cuenta.
El cachorro y el perro mayor no esperan igual
Un cachorro se deshidrata mucho más rápido que un adulto, y un vómito repetido en un cachorro, sobre todo si no tiene las vacunas completas, es motivo de consulta el mismo día: el parvovirus empieza así y avanza muy deprisa. En el extremo contrario, un perro mayor que empieza a vomitar de forma repetida o que vomita y además bebe y orina mucho más de lo normal merece una revisión con analítica, porque a esas edades detrás puede haber un problema de riñón, de hígado o de otro órgano que conviene pillar pronto.
El vómito amarillo de por la mañana
Es tan frecuente que merece párrafo aparte. Muchos perros vomitan un líquido amarillo y espumoso a primera hora, antes de desayunar. Casi siempre es el síndrome de vómito bilioso: el estómago lleva demasiadas horas vacío y la bilis lo irrita. La solución suele ser tan simple como repartir la comida en más tomas y darle un pequeño bocado justo antes de dormir, para que no pase tantas horas con el estómago vacío. Si con eso no mejora, coméntalo en la próxima revisión.
Comer hierba: ni tan raro ni tan preocupante
Muchos perros comen hierba en el paseo y algunos vomitan después. Se ha dicho mil veces que lo hacen para purgarse, pero la realidad es que no se sabe del todo por qué: a muchos sencillamente les gusta el gesto o la textura. Un perro sano que mordisquea hierba de vez en cuando y sigue tan campante no tiene por qué preocuparte. Lo que sí merece atención es el perro que de repente devora hierba con ansia y vomita una y otra vez, porque eso puede ser señal de que tiene el estómago molesto por otra causa. Y ojo con la hierba de zonas que puedan estar tratadas con herbicidas.
Lo que no debes hacer
No le des medicamentos de humanos para el vómito o el dolor por tu cuenta: muchos antiinflamatorios y analgésicos que tomamos las personas son tóxicos para el perro y pueden agravar justo lo que intentas aliviar. No le obligues a comer cuando acaba de vomitar. No le prives de agua pensando que así vomita menos, porque lo que consigues es deshidratarlo; lo correcto es ofrecerla en poca cantidad y a menudo. Y no esperes días a ver si se le pasa cuando hay cualquiera de las señales de alarma.
Qué va a hacer el veterinario
Saber qué esperar quita miedo a la visita. Primero explorará al perro: le palpará la barriga buscando dolor, bultos o un cuerpo extraño, le mirará las encías y le tomará la temperatura. Según lo que encuentre y lo que le cuentes, puede pedir una analítica de sangre para ver cómo están los órganos, una radiografía o una ecografía para buscar una obstrucción, o un test rápido de parvovirus si es un cachorro. El tratamiento va desde un pinchazo contra las náuseas y suero para rehidratar, en los casos leves, hasta la cirugía si hay algo que le obstruye el intestino.
Qué apuntar antes de ir a la consulta
La información que lleves vale tanto como la exploración. Apunta cuántas veces ha vomitado y desde cuándo, qué aspecto tenía lo vomitado (comida, líquido amarillo, espuma blanca, sangre), si come y bebe, cómo son sus cacas, si ha podido comer algo raro y cuándo fue la última vez que estuvo del todo bien. Si puedes, haz una foto del vómito antes de limpiarlo. Son treinta segundos que le ahorran al veterinario mucho tiempo de adivinar y a tu perro, pruebas de más.
La prevención que de verdad funciona
La mayoría de los vómitos evitables se previenen con cosas aburridas: no cambiarle el pienso de un día para otro, no darle sobras grasas ni huesos cocidos, tener la basura y los productos de limpieza fuera de su alcance, vigilar lo que coge del suelo en el paseo y mantener al día la desparasitación, porque los parásitos intestinales también hacen vomitar. Si tu perro es de los que engullen a toda velocidad, un comedero antivoracidad reduce de golpe los vómitos por comer con ansia. Y en las razas grandes de pecho profundo, propensas a la torsión de estómago, conviene no darle una sola comilona al día ni dejarle correr como un loco justo después de comer: mejor dos o tres tomas repartidas y un rato de calma tras el plato.
Un vómito aislado en un perro que sigue animado casi nunca es grave: descanso digestivo, agua en poca cantidad y comida blanda. Pero los vómitos repetidos, con sangre, con la barriga hinchada o con el perro decaído son urgencia, y en cachorros y perros mayores el margen de espera es mucho menor.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.