Mi perro cojea: causas y cuándo es urgencia
Una cojera puede ser una tontería que se pasa con descanso o la señal de algo que necesita al veterinario ya. Saber mirar cómo apoya, si hay dolor y qué la acompaña es lo que separa el reposo en casa de la visita que no conviene retrasar.
Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web
Lo primero: ¿apoya o no apoya?
La pista más útil es si el perro llega a poner la pata en el suelo. Una cojera en la que apoya aunque sea un poco y camina con molestia suele ser menos grave que una en la que lleva la pata totalmente en el aire y no la deja tocar el suelo de ninguna manera. Que no apoye nada apunta a dolor fuerte o a algo estructural (una fractura, una articulación fuera de sitio, una rotura de ligamento) y es motivo de consulta pronto. Fíjate también en qué pata es y en si la cojera va a más o a menos con las horas.
Las causas de toda la vida
La mayoría de las cojeras repentinas en un perro por lo demás sano vienen de algo mecánico y reciente: un mal apoyo al saltar o al frenar, una carrera loca en el parque, un resbalón, un tirón jugando. También son muy frecuentes las causas en la propia pata: una uña rota, una almohadilla cortada con un cristal, una espiga clavada entre los dedos, una picadura. Antes de pensar en lo peor, merece la pena mirarle bien la pata, los dedos y las almohadillas, porque a veces el problema está ahí a la vista.
Cómo revisarle la pata en casa
Con el perro tranquilo y sujeto con suavidad, repasa la pata que cojea de abajo arriba. Mira entre los dedos y las almohadillas por si hay un corte, una espiga, un cuerpo extraño, una uña partida o un bulto. Palpa despacio subiendo por la pata y la articulación, atento a si se queja, retira la pata o tensa el cuerpo en algún punto: eso te dice dónde le duele. Compara con la pata sana del otro lado para notar hinchazón o diferencia de temperatura. Si encuentras algo claro y pequeño, como una uña rota, ya sabes por dónde va.
El golpe de calor del asfalto y las almohadillas
En verano, una cojera después del paseo puede ser una quemadura de las almohadillas por el asfalto caliente. El suelo de la calle a mediodía en julio puede estar a temperaturas que queman la piel en segundos, y las almohadillas, aunque duras, se abrasan. Si tras pasear por el calor tu perro cojea, lame mucho las patas o las tiene rojas o con ampollas, es muy probable que sea eso. La regla para evitarlo es sencilla: si no puedes mantener tú la mano en el asfalto cinco segundos, quema demasiado para sus patas.
Qué hacer las primeras horas
Si la cojera es leve, el perro apoya y no encuentras nada grave en la pata, lo primero es reposo de verdad: nada de paseos largos, carreras, juego ni saltos durante un par de días, solo salidas cortas con correa para sus necesidades. Muchas cojeras por sobreesfuerzo mejoran solas con ese descanso. Si hay una herida pequeña o una uña rota que sangra un poco, límpiala con suero o agua y vigila. Lo que no debes hacer es darle antiinflamatorios de los tuyos: varios de los humanos son tóxicos para el perro.
Cuándo es urgencia y no espera
Ve al veterinario sin demora si el perro no apoya nada la pata, si la lleva colgando o en un ángulo raro, si hay una herida profunda o que sangra mucho, si la pata o una articulación están muy hinchadas, calientes o deformadas, si grita de dolor al tocarla o al moverse, o si la cojera aparece tras un atropello, una caída de altura o un golpe fuerte. También si la cojera leve no mejora nada tras dos o tres días de reposo, o si va claramente a peor. En esos casos el reposo en casa ya no es la respuesta.
La cojera que va y viene
No todas las cojeras son de un golpe. Hay perros que cojean un rato al levantarse y luego se sueltan, o que cojean solo después de mucho ejercicio, o un día sí y otro no. Esa cojera intermitente, sobre todo en perros jóvenes de razas grandes o en perros mayores, suele apuntar a un problema de articulación como la displasia de cadera o de codo, o a una artrosis que empieza. No es una urgencia inmediata, pero sí algo que hay que mirar con calma en la consulta, porque cuanto antes se maneja, mejor calidad de vida tiene el perro después.
Los cachorros gigantes, caso especial
En un cachorro de raza grande o gigante, una cojera merece atención aunque parezca leve, porque a esas edades los huesos todavía están creciendo y las articulaciones son delicadas. El exceso de ejercicio, los saltos repetidos o bajar escaleras todos los días pueden dañar las placas de crecimiento y dejar secuelas. Una cojera en un cachorro grande que crece deprisa es motivo de consulta para descartar un problema de desarrollo, y de paso para revisar que el ejercicio y la alimentación son los adecuados para su etapa.
Qué NO hacer
No le des ningún analgésico ni antiinflamatorio humano por tu cuenta: el ibuprofeno, el paracetamol y otros muy comunes en casa son tóxicos para el perro y pueden causarle un daño grave, además de enmascarar lo que le pasa. No le fuerces a andar o a saltar para ver si le duele. No le vendes la pata apretando, porque una venda mal puesta corta la circulación. Y no lo lleves al paseo normal pensando que moviéndose se le pasa: si hay una lesión, el ejercicio la empeora.
La herida en la almohadilla, paso a paso
Las heridas en las almohadillas son de las cojeras más frecuentes y de las que mejor puedes manejar al principio en casa. Si ves un corte, limpia la zona con suero fisiológico o agua, sin alcohol ni productos fuertes que escuezan. Si sangra, presiona con una gasa limpia unos minutos hasta que pare. Puedes proteger la almohadilla con una gasa y una venda no muy apretada para el paseo, y ponerle un calcetín o un botín para que no se la lama ni la ensucie. Pero si el corte es profundo, no deja de sangrar o tiene un cristal o una espiga clavados dentro, eso lo limpia y lo cierra el veterinario.
Qué pruebas puede necesitar y cuánto cuesta
Depende por completo de lo que el veterinario sospeche al explorarlo. Muchas cojeras leves se resuelven con la exploración, reposo y poco más. Cuando hace falta ir más allá, la prueba estrella es la radiografía, para ver huesos y articulaciones, que según la clínica y si necesita sedación ronda entre los 60 y los 150 euros. Una rotura de ligamento de la rodilla o una displasia pueden requerir pruebas adicionales y, en algunos casos, cirugía, que ya es una factura importante. Por eso las cojeras de repetición conviene mirarlas pronto: salen más baratas cuando no se han cronificado.
Qué apuntar antes de la consulta
Al veterinario le ayuda saber desde cuándo cojea, qué pata es, si apoya o no, si fue de repente o poco a poco, qué estaba haciendo cuando empezó (un salto, una carrera, un golpe), si la cojera mejora o empeora con el reposo y a qué hora del día se nota más. Un vídeo corto del perro andando, grabado en casa, vale oro: muchas veces en la consulta el perro, por los nervios, disimula la cojera, y ese vídeo le enseña al veterinario cómo cojea de verdad.
El reposo mal entendido que alarga la lesión
Reposo no es dejarlo suelto por casa tumbado a ratos y saltando al sofá a otros: una articulación lesionada necesita de verdad no cargar, y para eso hay que restringir el movimiento. Paseos muy cortos y solo con correa para que haga sus necesidades, nada de escaleras ni de saltos al sofá o a la cama, y si hace falta, limitar el espacio donde está. Muchas cojeras que no terminan de curarse es porque el perro, al sentirse mejor dos días, vuelve a correr y se la reabre. El reposo aburre, pero es la mitad del tratamiento.
Cómo prevenir las cojeras evitables
Buena parte de las cojeras se evitan con sentido común: calentar al perro antes del ejercicio intenso en vez de pasar del sofá a la carrera, no abusar de los saltos y los lanzamientos de pelota que obligan a frenar en seco, mantenerlo en su peso para no cargar las articulaciones, cuidarle las uñas para que no se enganchen y revisarle las patas tras pasear por el campo o por el calor. En perros de razas propensas a problemas de cadera o rodilla, un ejercicio regular y moderado protege más que los fines de semana de excesos.
Si el perro apoya la pata, no encuentras nada grave y la cojera es leve, prueba un par de días de reposo estricto. No espera: que no apoye nada, una herida profunda, hinchazón o deformidad, dolor fuerte, o una cojera tras un golpe o caída. Y nunca le des antiinflamatorios humanos, que son tóxicos para el perro.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.