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Apartado 17 de 21

Lo que de verdad hay que enseñarle

No hacen falta veinte órdenes. Con cinco cosas bien enseñadas se convive perfectamente, y una de ellas puede salvarle la vida.

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Las cinco que importan

Que venga cuando lo llamas, que suelte lo que tiene en la boca, que camine sin arrancarte el brazo, que sepa quedarse tranquilo en un sitio y que tolere que lo manipulen. Esas cinco cubren el noventa por ciento de la convivencia y de la seguridad. Dar la pata, hacerse el muerto o dar vueltas son entretenimientos legítimos, pero van después, no antes. Si tu perro solo va a aprender una cosa en su vida, que sea venir cuando lo llamas: es la única que puede evitar que acabe bajo un coche.

Cómo se enseña cualquier cosa

El esquema es siempre el mismo. Se decide qué conducta quieres, se consigue que aparezca —esperando a que ocurra sola o guiándola con comida—, se marca justo en el instante en que sucede y se paga. Se repite en sesiones cortísimas, de dos o tres minutos, varias veces al día. Cuando funciona en casa, se practica en sitios cada vez más difíciles, subiendo de uno en uno: primero el pasillo, luego el portal, luego la calle tranquila, luego el parque. El error casi universal es entrenar solo en el salón y esperar que funcione en mitad de un parque lleno de perros.

Marcar el momento exacto

Un perro asocia lo que hace con lo que pasa en los dos segundos siguientes, así que la precisión importa más que la cantidad de premio. Sirve una palabra corta y siempre la misma, un «sí» dicho en el instante justo, o un clicker. Eso marca el momento y el premio puede llegar dos segundos después sin perder el vínculo. Premiar tarde es la razón número uno por la que la gente cree que su perro no aprende: aprende, pero no lo que se pretendía.

Qué hacer cuando se equivoca

Nada espectacular. Si no acierta, es que la situación era demasiado difícil: se baja el nivel y se vuelve a intentar. Los castigos añaden miedo y no enseñan la conducta correcta, porque «no» no es una instrucción. Cuando quieras que deje de hacer algo, la pregunta útil es qué quieres que haga en su lugar: si salta al saludar, enseña que sentarse abre la puerta; si tira de la correa, que la correa floja avanza y la tensa para el paseo. Enseñar la alternativa funciona; prohibir sin alternativa, casi nunca.

Y lo que no es educación

Un perro que no obedece cuando lleva tres días sin salir de verdad no tiene un problema de educación: tiene un problema de necesidades sin cubrir. Antes de entrenar nada, comprueba que hace ejercicio acorde a su raza, que usa el olfato a diario y que duerme lo suficiente. Con eso resuelto, la mitad de lo que parecía desobediencia desaparece sola.

En resumen

Cinco órdenes bien enseñadas valen más que veinte a medias, y la llamada es la que puede salvarle la vida. Sesiones de dos minutos, premio en el instante exacto y subir la dificultad de uno en uno.

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