Mi perro come caca: por qué lo hace y cómo quitárselo
Que un perro se coma sus cacas o las de otros animales es asqueroso para nosotros, pero muy común y casi nunca grave. Tiene nombre, coprofagia, y detrás hay causas que van del aburrimiento a algo de salud. La buena noticia es que, entendiendo por qué lo hace, se puede cortar.
Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web
Es más normal de lo que crees
Lo primero, para tu tranquilidad: comer excrementos es un comportamiento frecuente en los perros, sobre todo en cachorros, y en la mayoría de los casos no es síntoma de ninguna enfermedad. Viene de lejos: las perras limpian las heces de sus cachorros comiéndoselas, y muchos cachorros imitan ese gesto mientras exploran el mundo con la boca. La mayoría lo deja al crecer. Que sea común no quiere decir que haya que resignarse, porque además de dar asco puede traer parásitos, pero sí que conviene abordarlo con cabeza y no con dramatismo.
Las causas de comportamiento
La mayoría de las veces, comer caca es un tema de conducta, no de salud. El aburrimiento es la causa reina: un perro que pasa muchas horas solo, sin estímulo ni ejercicio, se entretiene con lo que hay. También la búsqueda de atención, porque muchos dueños montan tal escándalo cuando lo pillan que, sin querer, le enseñan que comer caca es la forma más rápida de que les hagan caso. Y el estrés o la ansiedad. En cachorros, sencillamente la curiosidad y la fase de explorarlo todo con la boca.
El castigo que lo empeora
Hay una causa de comportamiento que creamos nosotros sin querer: el castigo mal usado. Si a un perro se le riñe con dureza por hacerse sus necesidades en casa, algunos aprenden a esconder la prueba comiéndose la caca para que no les castiguen. Es un círculo cruel: cuanto más se le riñe, más oculta las heces, y más coprofagia. Por eso, en la educación del pis y la caca, nunca se castiga lo que ya está hecho: se premia lo que se hace bien y punto. El castigo, aquí, crea el problema que pretende resolver.
Las causas de salud
Aunque son la minoría, hay causas médicas que conviene descartar, sobre todo si el perro empezó de adulto y de golpe. Una mala absorción de los nutrientes, problemas de páncreas o de digestión, parásitos intestinales que le dejan con hambre o carencias, una dieta pobre que no le aporta lo que necesita, o un apetito desmedido por ciertas enfermedades o medicamentos como la cortisona. Si tu perro come caca con ansia, está delgado, tiene las heces raras o ha cambiado de golpe, merece una visita al veterinario para descartar que haya algo detrás.
Comerse las cacas de otros animales
Hay que distinguir entre comerse sus propias heces y las de otros, porque esto último es casi universal y tiene su propia explicación. Las cacas de gato, por ejemplo, les resultan irresistibles porque la comida del gato es muy proteica y sus heces conservan ese olor y sabor atractivos para el perro. Las de caballo, vaca o conejo también les atraen. Aquí el problema no es psicológico: es que, sencillamente, les gustan. La solución pasa más por el manejo (areneros inaccesibles, correa en el campo) que por la educación.
Lo primero: recoger al momento
La medida más eficaz y más simple es no darle la oportunidad. Recoge las heces de tu perro nada más las haga, en casa y en el paseo, para que no le dé tiempo a interesarse. En el jardín, mantenlo limpio de cacas. Si tienes gato, pon el arenero donde el perro no llegue, por ejemplo en alto o tras una gatera. Si no hay caca a mano, no hay coprofagia. Parece obvio, pero esta sola medida resuelve una gran parte de los casos sin necesidad de nada más.
Trabajar el «déjalo» y el «ven»
La herramienta de educación que más ayuda es enseñarle dos órdenes sólidas: «déjalo», para que ignore lo que encuentra en el suelo, y «ven», para llamarlo y alejarlo antes de que se acerque. Se entrenan en positivo, premiando con algo mucho más apetecible que la caca cuando obedece, hasta que la respuesta sea automática. Un perro con un buen «déjalo» no solo deja de comer caca: deja de comer cualquier porquería del suelo, que es una de las causas de intoxicaciones y atragantamientos. Es, de lejos, la mejor inversión de tiempo.
Cansarlo y entretenerlo
Como buena parte de la coprofagia es aburrimiento, un perro cansado y con la cabeza ocupada come menos caca. Asegúrate de que hace suficiente ejercicio físico y, sobre todo, mental: paseos con olfato, juegos de buscar, juguetes rellenables, ratos de entrenamiento. Un perro que llega a casa satisfecho y que tiene cosas que hacer no se dedica a buscar entretenimiento en el jardín. Muchas veces, subir el nivel de ejercicio y estímulo de un perro hace desaparecer no solo la coprofagia, sino un montón de conductas molestas de golpe.
Lo que NO funciona
Olvídate de reñirle o castigarle cuando lo pillas: ya hemos visto que puede empeorarlo, y además llega tarde, porque el perro no asocia la bronca con lo que hizo. No le restriegues la cara en la caca, que es inútil y cruel. Y cuidado con los productos «anticoprofagia» que se añaden a la comida para que las heces sepan mal: a algunos perros les funcionan y a otros no, y solo sirven para sus propias cacas, no para las de otros animales. No son mágicos, y si no se corrige la causa de fondo, el problema sigue.
La dieta, por si acaso
Aunque la mayoría de los casos no son por la comida, merece la pena asegurarse de que tu perro come un pienso de calidad, completo y en la cantidad adecuada para su peso y su edad. Un perro bien alimentado, que asimila bien lo que come y que no pasa hambre, tiene menos papeletas de buscar en las heces lo que le falta. Si sospechas que la dieta puede estar detrás, o si el perro parece tener siempre hambre, coméntalo con el veterinario antes de cambiar nada por tu cuenta.
Cuándo ir al veterinario
Consulta si tu perro empezó a comer caca de adulto y de repente, si lo hace con mucha ansia, si además adelgaza, tiene mucha hambre siempre, las heces anormales, o cualquier otro síntoma, o si no consigues cortarlo con las medidas de manejo y educación. El veterinario descartará parásitos y problemas de digestión o de absorción, y puede orientarte sobre la dieta y la conducta. En la mayoría de los casos no habrá nada médico y será cuestión de manejo y paciencia, pero descartar lo de salud deja tranquilo y, a veces, resuelve el misterio.
Paciencia, sobre todo con el cachorro
Si es un cachorro, lo más probable es que se le pase solo al crecer, así que no te agobies: recoge al momento, trabaja el «déjalo», no le riñas y dale tiempo. La mayoría abandona el hábito antes del año. En un adulto cuesta un poco más porque ya está instaurado, pero con constancia en las medidas de manejo y educación, la gran mayoría lo deja. Es un comportamiento desagradable, sí, pero no es una perversión ni una señal de que tu perro esté mal de la cabeza: es, casi siempre, un hábito que se corrige.
¿Es peligroso para su salud?
La mayor preocupación real, más allá del asco, son los parásitos y las enfermedades. Al comer heces, sobre todo las de otros perros o animales que no conoces, tu perro puede tragar huevos de gusanos intestinales (lombrices, tenias), protozoos como la giardia, o bacterias que le revuelvan la tripa. Por eso un perro con esta costumbre debe estar siempre al día de desparasitación interna, y conviene vigilar sus heces por si aparece diarrea o algo raro. Comerse su propia caca recién hecha es menos arriesgado que rebuscar en la de desconocidos, pero en ambos casos la desparasitación regular es la red de seguridad.
El truco de redirigir en el paseo
Una técnica que funciona muy bien es adelantarte y redirigir. Cuando notes que tu perro va a por una caca en el paseo, llámalo con alegría y ofrécele algo mejor justo antes de que llegue: un premio rico, su juguete, o arrancar un jueguito. Con la repetición, el perro aprende que apartarse de la caca y venir contigo le trae algo mucho más apetecible que la propia caca, y empieza a mirarte a ti en lugar de lanzarse al suelo. Es educación en positivo pura: no le prohíbes nada a gritos, le das una alternativa que le compensa más. Requiere constancia las primeras semanas, pero crea un hábito que dura.
Comer caca es común y casi nunca grave, sobre todo en cachorros. Lo que mejor funciona: recoger las heces al momento para no darle la oportunidad, enseñarle un buen «déjalo» y «ven», y asegurarte de que no se aburre. No le riñas, porque puede empeorarlo. Y ve al veterinario si empezó de golpe siendo adulto o va con otros síntomas, para descartar parásitos o un problema de digestión.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.