Mi perro no quiere comer: por qué y qué hacer
Que un perro pase de su comida un día no suele ser nada. Que lleve dos días sin probar bocado, o que deje de comer y además esté raro, es otra cosa. Separar el perro tiquismiquis del perro enfermo es lo que de verdad importa, y casi siempre se nota en todo lo demás, no solo en el plato.
Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web
Lo primero: ¿no come o no come eso?
Hay una diferencia enorme entre un perro que no prueba nada, ni sus premios favoritos, ni la comida que le vuelve loco, y uno que rechaza el pienso pero se abalanza sobre un trozo de pollo. El primero puede estar enfermo y hay que tomárselo en serio. El segundo casi siempre es un perro que ha aprendido que si espera, llega algo mejor. La prueba es sencilla: ofrécele algo que le encante. Si lo come con ganas, el problema no es de salud, es de costumbres.
Las causas que no son enfermedad
Muchos perros comen menos por motivos de lo más normal. El calor del verano les quita el apetito, igual que a nosotros. Un cambio de pienso que no les gusta. El estrés de una mudanza, un viaje, obras en casa o un cambio en la familia. El aburrimiento de comer siempre lo mismo, sobre todo si se han acostumbrado a que caigan sobras. Y una razón que pilla a mucha gente: le damos tantos premios y trocitos entre horas que cuando llega la comida de verdad, ya no tiene hambre.
Cuándo la falta de apetito es señal de algo
La inapetencia es uno de los primeros síntomas de que un perro no está bien, casi de cualquier cosa. Un dolor en cualquier parte del cuerpo le quita las ganas de comer. Una infección, un problema de estómago, de riñón o de hígado, un diente roto o una encía infectada que le duele al masticar, una fiebre. Por eso, cuando un perro que siempre come bien deja de hacerlo de golpe y además lo notas apagado, la comida es solo el aviso: lo que hay que mirar es todo lo demás.
La boca, la gran olvidada
Una causa de inapetencia que casi nadie mira es la boca. Un perro con sarro avanzado, una encía inflamada, un diente partido o una herida en la lengua tiene dolor cada vez que mastica, y lo que hace es dejar de comer o comer solo lo blando. Si tu perro se acerca al plato con ganas pero luego come poco, suelta la comida, mastica raro o le huele mucho el aliento, mírale la boca o pide que se la miren. A veces el problema del plato empieza en una muela.
La regla de las 24 a 48 horas
En un perro adulto sano, saltarse una comida o incluso un día entero sin comer, estando por lo demás normal, animado y bebiendo agua, no es una urgencia. Puedes darle margen. Pero si pasa de las cuarenta y ocho horas sin probar bocado, o si al no comer se le suma cualquier otra cosa (decaimiento, vómitos, diarrea, temblores), deja de esperar y consulta. En cachorros y en perros pequeños el margen es mucho menor, porque sus reservas de energía se agotan enseguida.
El cachorro no aguanta sin comer
Un cachorro, sobre todo de raza pequeña, no tiene reservas para pasar sin comer. Si un cachorro deja de comer y se queda flojo, puede bajarle el azúcar en sangre en pocas horas y ponerse muy malo, así que un cachorro que no come no es un «ya comerá cuando tenga hambre», es una consulta el mismo día. La frase de dejarlo sin comer hasta que claudique, que a veces se oye para los tiquismiquis adultos, no vale en absoluto para un cachorro.
El calor también quita el hambre
En pleno verano es normal que un perro coma algo menos, igual que nosotros apetecemos comidas más ligeras cuando aprieta la calor. Si tu perro está animado, bebe bien y solo ha bajado un poco la ración en los días de bochorno, no hay que alarmarse. Ayuda darle la comida en las horas más frescas, por la mañana temprano y al caer la tarde, en vez de a mediodía, y tener siempre agua fresca disponible. Lo que no es del calor es que deje de comer del todo o que además esté decaído: eso hay que mirarlo igual, haga el tiempo que haga.
Cuando acaba de llegar a casa
Un perro recién adoptado o un cachorro que acaba de separarse de su camada muchas veces come poco los primeros días, y casi siempre es por nervios, no por enfermedad. Todo es nuevo: la casa, los olores, las personas, a veces hasta el pienso. Dale tiempo y tranquilidad, mantén su comida en un sitio fijo y tranquilo, y no le agobies vigilándole mientras come. Si le han cambiado de pienso al llegar, pide a la protectora o al criador cuál tomaba y hazlo poco a poco. Si a los dos o tres días sigue sin comer nada o lo notas decaído, consulta.
Trucos que sí funcionan con el tiquismiquis
Si has descartado que esté enfermo y es un perro caprichoso, el camino es reeducar, no rendirse. Pon la comida quince o veinte minutos y, si no come, retírala hasta la siguiente toma, sin dramas y sin ofrecer alternativas mejores: aprenderá que eso es lo que hay. Corta los premios y las sobras entre horas. Prueba a templar un poco la comida húmeda, que huele más y abre el apetito. Y haz algo de ejercicio antes de comer: un perro que se ha cansado llega al plato con más ganas.
El sitio, la hora y el plato también cuentan
A veces el perro no come por algo tan tonto como dónde o cómo le pones la comida. Un comedero en una zona de mucho paso, donde se siente vigilado o le molestan, puede cortarle las ganas. Un plato metálico que hace ruido o que le roza los bigotes incomoda a algunos. La competencia con otro perro de la casa que se acerca a su plato también. Prueba a darle la comida en un rincón tranquilo, a su hora y sin interrupciones, cada perro en su sitio, y verás que a veces el problema no era el apetito, era el ambiente.
Lo que no hay que hacer
No conviertas cada comida en una negociación en la que vas subiendo la apuesta: si cada vez que no come le añades queso, jamón o pollo, le estás enseñando justo a no comer el pienso para que llegue lo bueno. No le cambies el pienso cada dos días buscando el que le guste, porque cada cambio le revuelve la tripa y encima refuerza el chantaje. Y no le des de comer a mano ni le persigas con el plato: lo que empieza como un mimo acaba siendo la única forma en que acepta comer.
El perro mayor que empieza a comer menos
En un perro que se hace mayor, un descenso lento del apetito merece una mirada con lupa, no un encogimiento de hombros. A veces es dolor de boca por el sarro acumulado de los años, a veces el olfato y el gusto que se apagan con la edad, y a veces el primer aviso de un problema de riñón, de hígado o de otro tipo que a esas edades es más frecuente. Un perro mayor que come cada vez menos, que adelgaza o que bebe mucho más que antes necesita una revisión con analítica. No lo achaques sin más a que «ya es viejo».
Cuándo el no comer es urgencia
Pasa de la espera y ve al veterinario cuanto antes si, además de no comer, tu perro vomita, tiene diarrea, está muy decaído o tiembla, tiene la barriga hinchada, intenta beber mucho pero no come, o si es un cachorro o un perro muy pequeño o muy mayor. La falta de apetito acompañada de cualquier otro síntoma deja de ser un capricho y pasa a ser una pista de que algo va mal por dentro, y ahí el tiempo juega en contra.
Qué mirar y apuntar en casa
Antes de llamar al veterinario, reúne datos: desde cuándo no come, si rechaza todo o solo el pienso, si bebe agua, cómo son sus cacas y su pis, si ha vomitado, si le has visto comer algo raro, si está igual de activo o más parado, y si ha habido algún cambio en casa. Pésalo si puedes, para tener una referencia. Cuanto más concreto seas, menos pruebas a ciegas necesitará el veterinario para saber si esto es un berrinche o el principio de algo. Una foto o un vídeo corto de cómo se comporta ante el plato, si se acerca y se retira o si ni lo mira, también ayuda más de lo que parece.
Un perro que rechaza el pienso pero devora un premio casi siempre es un caprichoso, y se corrige con rutina y sin ceder. Uno que no prueba nada, que lleva más de un par de días sin comer o que deja de comer y además está raro, necesita veterinario; en cachorros, el mismo día.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.