Silky Terrier Australiano
También conocido como: Sydney Silky · Australian Silky Terrier






Ficha
Calcular lo que te costaría a ti, con tu situación →
* Camada y coste son estimaciones orientativas a partir del tamaño y de las necesidades de aseo y salud de la raza, no cifras medidas de ejemplares concretos.
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Cómo es
Cruce australiano entre el Yorkshire y el Terrier Australiano, buscando un perro de compañía que conservara el instinto cazador. Es más robusto y activo que el Yorkshire, con un pelo sedoso que llega casi al suelo y una energía muy superior a lo que su tamaño sugiere. Nació en Sídney del cruce entre el Terrier Australiano y el Yorkshire, buscando un perro de compañía que conservara el instinto cazarratas. Lo consiguieron: es diminuto pero sigue matando serpientes y roedores en los jardines australianos. Su pelo sedoso, que llega casi al suelo, necesita cepillado diario. Ladra, mucho, y hay que trabajarlo desde cachorro si vives en un piso.
Carácter
Cuidados
Cepillado diario o corte más corto. Higiene dental estricta. Ejercicio y juego diarios: no es un perro de brazos. Control del ladrido. Nunca suelto cerca de animales pequeños: caza de verdad.
Salud
Luxación de rótula, enfermedad de Legg-Calvé-Perthes, colapso traqueal, diabetes y enfermedad periodontal.
Cómo es de cachorro
Un cachorro de Silky Terrier Australiano llega a casa a las ocho semanas pesando una fracción de lo que va a pesar de adulto, y tarda unos 8 meses en cerrar el crecimiento. Al ser una raza toy, crece deprisa y para pronto: a los seis meses ya se parece bastante a lo que será.
Es un cachorro de mucha energía —4 sobre 5 de adulto— y la etapa difícil va de los seis meses a los dos años. En ese tramo es cuando más gente se arrepiente y cuando más ejemplares de esta raza acaban en protectoras. Con 45 minutos diarios bien repartidos y trabajo mental, se pasa sin drama.
Aprende con mucha facilidad (4 sobre 5 en adiestramiento), y eso corta por los dos lados: aprende igual de rápido lo que le enseñas sin querer. Si le abres la puerta cuando ladra, ladrará.
La ventana de socialización se cierra hacia las dieciséis semanas y no vuelve a abrirse. Antes de esa fecha tiene que haber conocido, en pequeñas dosis y sin agobio, suelos distintos, ascensores, paraguas, bicicletas, niños, gente mayor y otros perros equilibrados. Esta raza parte con ventaja en tolerancia, pero la socialización no se salta por eso.
Un día normal con un Silky Terrier Australiano
Con un Silky Terrier Australiano adulto, un día normal son tres salidas: una corta al levantarse, otra al mediodía o a media tarde y una larga, que es donde se juega el día. En total, alrededor de 45 minutos de actividad, aunque el número que importa no es ese.
Lo que importa es la proporción entre patas y cabeza. En una raza de energía 4 sobre 5, salir a correr no relaja: entrena, sube la adrenalina y además lo pone en mejor forma cada semana, con lo que la semana siguiente necesita más. La mitad de ese tiempo debería ser olfato y trabajo mental: buscar comida escondida, aprender algo nuevo, resolver un juguete dispensador. Veinte minutos de eso cansan más que una hora de pelota, y se nota la misma tarde.
Tiene un ladrido marcado (5 sobre 5), que es parte de para lo que se crió. Si vives con vecinos pegados, conviene trabajar desde cachorro el «ya vale» y no reforzar el ladrido con atención, ni siquiera para regañar. Se reduce mucho; desaparecer, no desaparece.
Lleva mal quedarse solo (2 sobre 5). Eso no se arregla con más ejercicio: se entrena aparte, saliendo y volviendo muchas veces al día empezando por segundos, y con un juguete relleno que solo aparezca cuando te vas. Si trabajas fuera ocho horas, cuenta con un paseador a mediodía.
En cuidados diarios, esta raza pide bastante: cepillado frecuente y peluquería cada seis u ocho semanas, que son entre 400 y 600 € al año durante toda su vida. Si eso no encaja en el presupuesto, conviene saberlo antes y no después.
Qué darle de comer
Un Silky Terrier Australiano adulto de unos 5 kg con actividad normal necesita alrededor de 346 kilocalorías al día, que con un pienso seco corriente son unos 96 gramos, repartidos en dos tomas. En dinero, la comida le va a costar del orden de 250 € al año. Son cifras de partida: quien manda es el cuerpo del perro, y tienes que notarle las costillas pasando la mano sin apretar.
Siendo un perro tan pequeño, conviene repartir la comida en tres tomas mientras es cachorro: las razas toy pueden sufrir bajadas de azúcar si pasan muchas horas sin comer. Y ojo con los premios, que en un perro de 5 kilos suman muchísimo antes de lo que parece.
Los premios cuentan como comida y pueden ser el diez o el veinte por ciento de lo que come al día. Pésale la ración con una báscula en vez de usar un vaso, y ajústala cada dos semanas según lo que veas y lo que marque el peso.
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Qué esperar en cada etapa
Todo pasa aquí. Socialización antes de las dieciséis semanas, pauta de vacunas, dentición y las normas de casa, que se ponen ahora o no se ponen. Es la etapa que más determina los 14 años siguientes y la que menos se puede recuperar después.
La adolescencia, que es cuando más gente se arrepiente. Prueba límites, se le olvida lo aprendido y en esta raza, con la energía que tiene, puede ser intensa de verdad. Es el momento de consolidar la correa, la llamada y el quedarse solo.
Su mejor momento. Ya es el perro que va a ser, con el carácter hecho y el cuerpo entero. Es la etapa para el deporte canino, los viajes y las rutinas largas. Una revisión al año con vacunas y antiparasitarios, y control de peso, que es lo que más alarga la vida.
Entra en la etapa senior, que en una raza toy empieza pronto. Los primeros signos no son cojear: son dudar antes de subir al sofá y tardar más en levantarse, y casi siempre es dolor articular, que se trata. Conviene pasar a dos revisiones al año con analítica y cambiar un paseo largo por varios cortos.
La esperanza de vida de esta raza está entre los 12 y los 15 años. Mantenerlo delgado toda su vida es lo que más puede estirarla: en los estudios con labradores, los perros mantenidos en su peso vivieron alrededor de dos años más.
Si vas a comprar uno
Si decides comprar en vez de adoptar, de dónde venga el cachorro importa más que el pedigrí. Las preguntas que valen para cualquier raza son cinco: ¿puedo ver a la madre, en su casa, con la camada? ¿Qué pruebas de salud tienen los padres y me las enseñas? ¿Cuántas camadas tienes al año y cuántas razas crías? ¿A qué edad entregas? ¿Qué pasa si dentro de dos años no puedo quedármelo? Si esquiva alguna, vete.
En esta raza en concreto, pide además valoración de rótulas, porque la luxación es frecuente en razas pequeñas. Un criador serio los tiene y los enseña sin que se los pidas; si te dice que «no hacen falta porque están todos sanos», ya sabes bastante.
Es una raza relativamente sana (4 sobre 5), lo cual no exime de pedir pruebas: la media de la raza no dice nada del ejemplar concreto que te vas a llevar.
Y lo que dice la ley en España: entrega a partir de las ocho semanas, con microchip puesto y registrado, cartilla veterinaria y primera vacunación. El criador tiene que estar dado de alta como núcleo zoológico y facilitarte el número, que puedes comprobar.
Con qué se confunde
Curiosidades
Su pelo, a diferencia del Yorkshire, no roza el suelo: el estándar lo quiere justo por encima.
Se desarrolló en Sídney a principios del siglo XX.
Mata ratas y serpientes pequeñas con la misma eficacia que un terrier de granja.
Es más pesado y compacto que el Yorkshire pese a medir casi lo mismo.
Adoptar en vez de comprar
Casi un tercio de los perros que entran en protectoras son de raza o cruces muy reconocibles. Antes de comprar, merece la pena mirar.





